Científicos declaran haber encontrado área en el cerebro donde se originan los comportamientos autocontradictorios y afirman que es saludable.
Por primera vez en la historia de la medicina occidental se predica una tesis científica donde se defiende la desobediencia personal, o sea, cuando contrariamos nuestro propio deseo y programación, contrariando aquél tipo de deseo y programación que uno hace para que uno mismo siga.
Esta pequeña área al activarse desplaza el campo de la conciencia para un área aparentemente descontrolado.
Según la neuróloga e investigadora Lívia Nagasaki la frecuencia con que se dan tales espasmos de actividad en esta área serán más grandes a medida que más grandes sean la coerción de sistemas autoritarios que el individuo toma prestado para controlarse, el viejo dicho de quien manda en mí soy yo.
Ella enfatiza que una de las características de este fenómeno es su aparecimiento aleatorio, pero en pequeña escala puede ser hecho de manera voluntaria y consciente desde que no esté atado a una nueva metodología, o sea, cambio no es permutar una rigidez por una rigidez diferente. Estar en desacuerdo con sus propias convicciones y padrones de excelencia personal te hace no presumible e incoherentemente flexible.
La experta recomienda la adopción criteriosa de nuevos hábitos, que deben ser puestos en cuarentena, mientras sean sospechosos cuanto a su inocuidad, para no cambiar sopa por veneno, además, según la neuróloga, rutina deben ser rotas todos los días intencionalmente conforme más grande sea su grado de rigidez e ilusión de recompensa. Es mejor aceptar que algunas cosas nunca cambian, no importa su empeño, aun así continúe intentando honestamente, tal vez algún día cure completamente sus heridas, pero no de la manera estructurada que piensas con la psicología del súper héroe sin recidivas, es lo que dice la sabia científica.
Ella sugiere no alimentar falsas esperanzas, seamos razonables: sus problemas no desaparecerán con más disciplina tampoco con comando de voz y te vas a decepcionar proporcionalmente al tiempo, energía y dinero desperdiciados con placebo, el ejercicio de cualesquiera actividades con objetivos además de los beneficios directos de la propia práctica es una distorsión apelativa de conexión entre causa y efectos y solo sirve para vender productos y servicios, ella remata.